sábado, 29 de enero de 2011

El espacio dentro del tiempo (I)

SOBRE LA SAGA/FUGA DE J.B.
Muy buenos días, señoras y señores.
Es para mí un honor que se me haya dado la ocasión de participar en este encuentro, y gracias a ello aproximarme a esta obra colosal que tantas personas notables y más preparadas han analizado aquí.

En primer lugar, debo agradecer a mi amiga la profesora Carmen Becerra su amable presentación, de la que me gustaría hacerme  merecedor.
Vamos ahora con el tema elegido para mi reflexión.
El espacio dentro del tiempo.
Prodigio enorme sería: alojar la inmensidad en un hilo delgadísimo. Algo más milagroso que pasar un camello (o un calabrote, que tanto da) por el ojo de una aguja, o que meter toda el agua del mar en un hoyito en la arena, como imaginó Agustín de Hipona. O, ya puestos, que comprender el misterio de la Santísima Trinidad.
Sin embargo, este prodigio lo realiza continuamente a nuestro alrededor el lenguaje. Ha bastado que mis palabras evoquen la aguja y el camello, el hoyo en la arena o el misterio teológico, y todos ustedes han obrado el milagro en su imaginación, siquiera por un instante.
El poder creador de la palabra, por sí solo, justifica el comienzo del evangelio de Juan: “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”.

Cada palabra es un toque mágico que llama a un concepto, cada concepto es un hilo que se ramifica hasta llegar a todos los entes de una especie: tirando del hilo, vienen todos juntos a mi presencia.
La evocación se hace posible porque sustituye cada objeto, inconcebible en su complejidad, por un conjunto de características simples que forman parte de él sin agotarlo en absoluto, y que son compartidas por todos los de la especie. Esta selección de cualidades, que prescinde de lo que no es relevante, sustituye las cosas reales inabarcables por otras entidades que podemos manejar, entidades a las que llamaremos modelos.
El modelo más complejo posible es un prototipo, como el de un automóvil. Lo consideramos modelo porque comparte características comunes con otros, y las demás, como tal o cual detalle del cosido en la tapicería de un asiento, no nos importan. Modelo es la maqueta a escala que lo reproduce: carente ya de muchos elementos del automóvil real, conserva otros, los que interesan al niño que juega con ella.
Modelos más alejados del objeto real, pero que lo evocan aún, son una fotografía o un dibujo realista; o un modelo virtual en la pantalla de un ordenador, que incluso podemos mover o iluminar, porque en él se ha preservado la geometría de las superficies del objeto.
Más abstractos y simplificados son los planos técnicos, pero pese a ello contienen todo lo que es relevante para conocer el objeto, y aún para fabricarlo.
Todos los modelos considerados hasta aquí se crean dentro de un espacio de tres, o al menos de dos dimensiones.
Veamos otros que se desarrollan sólo en una dimensión:
Leo la extensa memoria que acompaña al proyecto del automóvil. Bueno, es demasiado larga: me limitaré a la parte en que se describe una biela. En este conjunto de palabras podría estar todo lo necesario para fabricar la biela: la descripción de su forma, sus dimensiones y las tolerancias dimensionales y geométricas admisibles para cada una de ellas, las características mecánicas del material, incluso el proceso de fabricación. Si me he olvidado de algo, en cualquier momento lo puedo añadir a la descripción.
La memoria está escrita en papel, soporte de dos dimensiones. Si la han escrito a mano, la punta del lápiz describió una línea, muy larga y complicada, interrumpida a cada palabra, pero esa línea era la trayectoria del lápiz, conjunto de puntos sucesivos y sin vuelta atrás, de una sola dimensión.
Si la leo en voz alta, mi relato se desarrolla sobre una única dimensión temporal. Grabar mi voz en una cinta o en el surco lineal de un disco acentúa el carácter unidimensional del discurso.
Y también, sobre el disco duro de mi ordenador, el modelo virtual, la memoria escrita o la voz grabada se reducen a una monótona sucesión lineal de posiciones de memoria: de ceros y unos.

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