miércoles, 30 de abril de 2014

Alternativas a la crisis

El texto de Éric Toussaint propone una serie de alternativas concretas a la crisis que atraviesa Europa. Contiene 19 medidas inmediatas a tomar a escala financiera en general y de la banca en particular.

Más allá de esas medidas propone la socialización bajo control ciudadano del sector de banca y seguros

A continuación aborda las demás medidas a tomar para una salida de la crisis que sea favorable a la aplastante mayoría de la población:
  • Detener los planes de austeridad.
  • Anular la deuda pública ilegítima, insostenible, odiosa y/o ilegal.
  • Anular las deudas privadas ilegítimas y/o ilegales.
  • Aumentar los recursos de los poderes públicos legítimos. 
  • Desarrollar y extender los servicios públicos. 
  • Reforzar el sistema de jubilaciones por reparto.
  • Reducir radicalmente el tiempo de trabajo para garantizar el pleno empleo y adoptar una política de rentas para realizar la justicia social.
  • Poner en cuestión el euro.
  • Actuar a favor de una Europa diferente que implique reemplazar los tratados actuales vía un verdadero proceso constituyente de los pueblos. 
Se trata de propuestas susceptibles de debate. Las resumo a continuación.




Éric Toussaint
Rebelión


MEDIDAS INMEDIATAS A TOMAR A NIVEL DE LAS FINANZAS EN GENERAL Y DE LA BANCA EN PARTICULAR


1. Reducir radicalmente el tamaño de los bancos a fin de suprimir el riesgo de «demasiado grande para caer» que representan los bancos sistémicos.

2. Separación de los bancos entre bancos de depósito y banca de negocios. Esto implica desmantelar los bancos universales (que mezclan las tareas de bancos de depósitos, bancos de negocios y seguros).

3. Prohibición de los productos derivados. Esto significa que los bancos y demás instituciones financieras que quieran cubrirse contra los riesgos de diferente tipo (riesgos de cambio, de tasas de interés, de no pago...) deben volver a contratos de seguro clásicos.  

4. Obligar a los bancos a demandar una autorización previa de sacar al mercado de productos financieros.


5. Prohibir las relaciones de crédito entre bancos de depósito y bancos de negocios. 

6. Separar las actividades de asesoría de las de mercado.

7. Prohibir la especulación. La adquisición por un banco u otra institución financiera de un bien material (materias primas, alimentos, tierras, inmuebles...) o de un título financiero (acciones, obligaciones o cualquier otro) con el objetivo de especular sobre su precio sería prohibida. 

8. ¿Quién debe asumir las pérdidas de los bancos? Hay que restaurar la responsabilidad ilimitada de los grandes accionistas. En caso de quiebra, su coste debe poder ser recuperado sobre el conjunto del patrimonio de los accionistas (personas físicas o jurídicas, esto es, empresas). El patrimonio global inferior a un cierto nivel, por ejemplo, como indicación, inferior a 300.000 euros, debe ser totalmente protegido. 

9. Exigir de los bancos un aumento radical del volumen de los fondos propios en relación con el total del balance. Frente a la situación actual, donde los fondos propios son en general inferiores al 5% del balance del banco, estamos a favor de elevar el mínimo legal al 20%.

10. Prohibición de los mercados financieros de mutuo acuerdo. Todas las transacciones en los mercados financieros deben ser registradas, trazables, reglamentadas y controladas. 

11. Poner fin al secreto bancario. Los bancos deben tener la obligación de comunicar todas las informaciones sobre sus responsables, sus diferentes entidades, sus clientes, las actividades que ejercen y las transacciones que realizan por cuenta de sus clientes y por ellos mismos. 

12. Prohibir las transacciones con los paraísos fiscales. Prohibir el trading de alta frecuencia y el shadow banking. Limitar estrictamente lo que puede ser puesto fuera de balance. Prohibir las ventas a descubierto y las ventas en corto.

13. Condiciones de trabajo, salariales, de empleo y tiempo de trabajo. Garantizar el volumen del empleo en el sector bancario y las condiciones de trabajo. Instauración de la igualdad completa de salario entre hombres y mujeres. Deberá haber una escala de los salarios de tal naturaleza que eleve los salarios más bajos y ponga un límite a las más altas rentas. Hay que prohibir el benchmarking y el lean management. 

14. Prohibición de la socialización de las pérdidas de los bancos y de las demás instituciones financieras privadas. Se trata de prohibir a los poderes públicos saldar con recursos públicos deudas privadas.

15. Persecución sistemática de los dirigentes responsables de delitos y de crímenes financieros.

16. Retirada de la licencia bancaria a las instituciones que no respeten las prohibiciones y resulten culpables de malversaciones.

17. Poner impuestos a los bancos. Los beneficios de los bancos deben ser sometidos estrictamente a las disposiciones legales en materia de tributación a las sociedades. En efecto, en la actualidad la tasa efectivamente pagada resulta claramente inferior a la legal, además de insuficiente. Se deben poner impuestos a las transacciones bancarias de divisas y de títulos financieros. También a las deudas bancarias a corto plazo, con el fin de favorecer la financiación de largo plazo. 

18. Salvar a los bancos de otra forma. Además de las tres disposiciones mencionadas más arriba: responsabilidad ilimitada de los grandes accionistas (sobre su patrimonio global), garantía de los depósitos hasta 150.000 euros, prohibición de poner deudas privadas a cargo de las finanzas públicas.

Se trata de crear un mecanismo de puesta en quiebra ordenada de los bancos con la creación de dos estructuras: un banco de separación de activos privado (a cargo de los accionistas privados y sin ningún coste para los poderes públicos) y un banco público hacia el que son transferidos los depósitos, así como los activos sanos.

Ciertas experiencias recientes pueden servir de fuente de inspiración, en particular la experiencia islandesa a partir de 2008.

19. Hay que reforzar los bancos públicos existentes y reinstaurarlos en aquellos países en que han sido privatizados (por supuesto sometiéndoles como todos los demás bancos a las medidas concretas mencionadas más arriba).


MEDIDAS DE SOCIALIZACIÓN FINANCIERA

1. Socialización del sector bancario bajo control ciudadano 
  • Expropiación sin indemnización (o con como única indemnización simbólica de un euro) de los grandes accionistas (los pequeños accionistas serán indemnizados).
  • Concesión al sector público del monopolio de la actividad bancaria con una excepción: la existencia de un sector bancario cooperativo de pequeño tamaño (sometido a las mismas reglas fundamentales que el sector público).
  • Creación de un servicio público de ahorro, crédito e inversión estructurado en una red de pequeños establecimientos cercanos a la ciudadanía.
  • Definición con participación ciudadana de una Carta sobre los objetivos a alcanzar y sobre las misiones a proseguir.
  • Transparencia (contable) de las cuentas que deben ser presentadas al público de forma comprensible. 
La socialización del sector bancario y su integración a los servicios públicos permitirán:
  • Sustraer a los ciudadanos y los poderes públicos del control de los mercados financieros;
  • Financiar los proyectos de los ciudadanos y de los poderes públicos.
  • Dedicar la actividad bancaria al bien común con entre otras misiones la de facilitar la transición de una economía capitalista, productivista a una economía social y ecológica.
2. Socialización del sector de los seguros y su integración en el servicio público, dada la imbricación entre las actividades de la banca y de los seguros en el seno de los bancos universales, y porque los grandes grupos aseguradores adoptan comportamientos tan aventureros como los bancos.



MEDIDAS PARA UNA SALIDA DE LA CRISIS FAVORABLE A LA APLASTANTE MAYORÍA DE LA POBLACIÓN

La reducción del déficit público no es un objetivo en sí mismo. Para reducir el déficit hay también que reducir radicalmente los gastos provocados por la devolución de la deuda pública, cuya parte ilegítima, insostenible, odiosa y/o ilegal debe ser anulada. En cambio es fundamental aumentar los gastos sociales. Para ello, hay que construir un amplio frente anticrisis y anti austeridad, tanto a escala internacional como local: 

1. Frenar los planes de austeridad: son injustos y profundizan la crisis. 

2. Anular la deuda pública ilegítima, insostenible, odiosa y/o ilegal.
  • Deuda pública ilegítima: una deuda contratada por los poderes públicos sin respetar el interés general o en perjuicio del interés general.
  • Deuda ilegal: deuda contratada en violación del orden jurídico o constitucional aplicable.
  • Deuda pública odiosa: créditos que son concedidos a regímenes autoritarios, o que lo son imponiendo condiciones que violan los derechos sociales, económicos, culturales, civiles o políticos de las poblaciones afectadas por el pago de la deuda.
  • Deuda pública insostenible: deuda cuya devolución condena a la población de un país al empobrecimiento, a una degradación de la salud y de la educación pública, al aumento del paro, incluso a la subalimentación. En definitiva, una deuda cuya devolución implica el no respeto de los derechos humanos fundamentales.
¿Por qué reducir la deuda pública? ¿Por qué el Estado endeudado debe reducir radicalmente su deuda pública procediendo a la anulación de las deudas ilegítimas?
En primer lugar por razones de justicia social, pero también por razones económicas que cualquiera puede comprender y hacer suyas. Para salir de la crisis no hay que contentarse con relanzar la actividad económica gracias a la demanda pública y de las familias. Pues si nos contentáramos con una política así, de relanzamiento combinado a una reforma fiscal redistributiva, el suplemento de ingresos fiscales sería absorbido en gran medida por la devolución de la deuda pública. Las contribuciones que serían impuestas a las familias más ricas y a las grandes empresas privadas serían en gran medida compensadas por la renta que sacan de las obligaciones del Estado de las que son con mucho sus principales poseedores y beneficiarios (razón por la cual no quieren oír hablar de una anulación de la deuda). Claramente, por tanto hay que anular una gran parte de la deuda pública.

La amplitud de esta anulación dependerá de las características de la deuda de cada país, del grado de conciencia de la población víctima del sistema de la deuda (a este respecto, la auditoria ciudadana juega un papel crucial), de la evolución de la crisis económica y política, y sobre todo de las correlaciones de fuerzas concretas que se construyen en la calle, en las plazas públicas y en los lugares de trabajo a través de las movilizaciones actuales y futuras. En ciertos países, como Grecia, Portugal, Irlanda, España, Chipre... la cuestión de la anulación de la deuda es una cuestión de la mayor actualidad. Para países como Alemania, Países Bajos, Francia, Bélgica, Austria, Reino Unido, Estados Unidos… la cuestión no se presenta (aún) hoy como un problema a resolver con urgencia. Pero, tarde o temprano, la mayor parte de los países se verán confrontados al carácter insostenible del pago de la deuda.

La suspensión de pago. Para las naciones ya sometidas al chantaje de los especuladores, del FMI y de otros organismos como la Comisión Europea conviene recurrir a una moratoria unilateral de devolución de la deuda pública. Esta propuesta resulta popular en los países más afectados por la crisis. Tal moratoria unilateral debe ser combinada con la realización de una auditoria ciudadana de los préstamos públicos, que debe permitir aportar a la opinión pública las pruebas y los argumentos necesarios para el repudio de la parte de la deuda identificada como ilegítima. 

Rechazar los aligeramientos de deuda ligados a condiciones antisociales por los acreedores. Ni hablar de apoyar los aligeramientos de deuda decididos por los acreedores, debido a las severas contrapartidas que éstos implican. 

La auditoría debe permitir identificar a los responsables del endeudamiento ilegítimo, odioso, insostenible y/o ilegal. La auditoría ciudadana debe asimismo permitir determinar las diferentes responsabilidades en el proceso de endeudamiento y exigir que los responsables, tanto nacionales como internacionales rindan cuentas ante la justicia. 

¿Quién pagará la factura de la anulación de la deuda? En todos los casos posibles es legítimo que las instituciones privadas y los individuos de altas rentas que poseen títulos de esas deudas soporten el peso de la anulación de deudas soberanas ilegítimas, pues tienen en gran medida la responsabilidad de la crisis, de la que además se han beneficiado. El hecho de que deban soportar esta carga no es más una justa contrapartida para más justicia social.

Es pues importante identificar a los poseedores de títulos, a fin de indemnizar entre ellos a los ciudadanos y ciudadanas de pequeños y medianos ingresos. El mejor medio de identificar a los poseedores de deuda es suspender su pago pues deberán darse a conocer para pretender una devolución. Esto permitirá al Estado devolver íntegramente a los pequeños poseedores de títulos de deuda pública. 

Medidas complementarias sobre la deuda. Se podría definir una ratio de ese tipo: la suma asignada al pago de la deuda no puede exceder el 5% de los ingresos del Estado.

3. Anulación de las deudas privadas ilegítimas y/o ilegales.

4. Aumentar los recursos de los poderes públicos y reducir las desigualdades mediante la instauración de la justicia fiscal.

Empréstitos públicos legítimos: 

Conviene definir una política transparente de empréstito público
1. El destino del empréstito público debe garantizar una mejora de las condiciones de vida, rompiendo con la lógica de destrucción medioambiental.
2. El recurso al empréstito público debe contribuir a una voluntad redistributiva a fin de reducir las desigualdades. 
Se hace preciso que las instituciones financieras, las grandes empresas privadas y las familias ricas estén obligadas por vía legal a comprar, por un montante proporcional a su patrimonio y a sus rentas, obligaciones del Estado al 0% de interés y no indexadas con la inflación.

El resto de la población podrá adquirir de forma voluntaria obligaciones públicas que garantizarán un rendimiento real positivo (por ejemplo el 3%) superior a la inflación. Así, si la inflación anual se eleva al 3%, la tasa de interés efectivamente pagado por el estado para el año correspondiente será del 6%. 
Es preciso que el Banco Central de cada país y el BCE (en el caso de los Estados miembros de la eurozona) financien el presupuesto del Estado a una tasa de interés cercana a cero.

5. Promoción y extensión de los servicios públicos.
Los servicios públicos deben recibir una dotación financiera suficiente para asegurar su misión y remunerar a sus asalariados de forma decente. Las remuneraciones, el estatuto del personal, la estabilidad en el empleo, las condiciones de trabajo deben ser mejoradas. El control ciudadano es también esencial para mejorar la calidad del servicio.

Hay que desprivatizar las empresas y los sectores que han sido entregados al sector privado

6. Reforzar el sistema de jubilaciones por reparto

Otra conquista fundamental del siglo XX, el sistema de las jubilaciones por reparto (el primer pilar) debe ser reforzado. Hay que eliminar progresivamente el segundo y tercer pilares. Hay que rechazar los retrasos en la edad de jubilación. Es perfectamente factible si el primer pilar es reforzado y si gracias a la reducción del tiempo de trabajo en todos los sectores y al refuerzo de los servicios públicos, se aumenta el número de empleos y, por tanto, el número de cotizantes al sistema de reparto.

7. Reducir radicalmente el tiempo de trabajo para garantizar el pleno empleo y adoptar una política de rentas para realizar la justicia social.

De igual modo, hay que elevar significativamente el montante del salario mínimo legal, de los salarios medios y de las asignaciones sociales. En cambio, hay que fijar un techo muy estricto para las remuneraciones de los dirigentes de las empresas, ya sean éstas privadas o públicas,

8. Cuestionar el euro.
 
El debate sobre la salida del euro para una serie de países como Grecia es completamente necesario. Está claro que el euro es una camisa de fuerza para Grecia, Portugal, Chipre, Irlanda o también España. Si no concedemos aquí la misma atención que a las demás propuestas de alternativas es porque el debate atraviesa y divide tanto a los movimientos sociales como a los partidos de izquierda, y porque es necesario consagrarle numerosas páginas para recorrer el asunto. Si ciertos países salen del euro, deberán elegir entre una salida de derechas o una salida de izquierdas como señala Costas Lapavitsas. Nuestra preocupación central es reagrupar sobre los temas vitales mencionados más arriba, en particular las soluciones a proponer referidas a los bancos y la deuda, dejando de lado temporalmente lo que nos divide

9. Una Europa diferente: reemplazo de los tratados actuales vía un verdadero proceso constituyente de los pueblos.
  • Suprimir los artículos 63 y 125 del Tratado de Lisboa, que prohíbe todo control de los movimientos de capitales y toda ayuda a un Estado en dificultades
  • Abandonar el Pacto de Estabilidad y de Crecimiento. El MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) debe ser eliminado.
  • Revisar completamente la política monetaria así como los estatutos y prácticas del BCE. Los gobiernos y la Unión europea, que han creado el BCE se han dotado de una herramienta suplementaria de destrucción de las conquistas sociales y democráticas.
  • El BCE y los bancos centrales de los Estados deben poder financiar directamente a Estados preocupados por alcanzar objetivos sociales y medioambientales que integran perfectamente las necesidades fundamentales de las poblaciones.
  • Derogar los tratados actuales y reemplazarlos por otros nuevos en el marco de un verdadero proceso democrático constituyente. 
Esto implica la elección de una asamblea constituyente por sufragio universal, seguida de un referéndum de aprobación del proyecto de nueva Constitución. Se tratará de llegar a un pacto de solidaridad de los pueblos para la democracia, el empleo y la transición ecológica.

Usar a Ucrania para calentar el planeta

Naomi Klein comenta la situación de Ucrania y las maniobras estratégicas en torno al gas que se desarrollan alrededor, en el contexto de la penuria energética y el cambio climático.

Sin duda, el uso como arma de los suministros de gas es motivo de preocupación. Los buenos vendedores de las industrias extractivas aprovechan la situación para ofrecer, como una panacea, las técnicas de fractura hidráulica. Una vez más, ofrecen la "solución definitiva" a una escasez evidente de energía (de paso, hay que decir que esa escasez es modulada en los mercados de futuros en función de estrategias de los grandes especuladores).

Con independencia de la defensa que hace la autora de las energías renovables, la esperanza que deposita en ellas y su alerta sobre el efecto invernadero del metano que probablemente se libere de las rocas, me interesa destacar un aspecto al que la mayoría no dedica demasiada atención.

Es el tema de las burbujas. De igual modo que antes de la inmobiliaria se dieron otras, de las que quiero recordar la de las "nuevas tecnologías", creo que todo el revuelo montado sobre el fracking, tanto a favor como en contra, es un engaño especulativo más.

La tasa de retorno energético (cociente entre la energía empleada para obtener un recurso energético y la extraída luego de él) es difícil que supere con mucho, para la fractura hidráulica, la unidad. Llegado este nivel, el recurso puede (y debe) quedarse tranquilamente en la tierra, puesto que no obtendremos de él nada que no tengamos ya.

Y eso o si nos limitamos al gasto neto y no tenemos en cuenta los "daños colaterales" de todo tipo que puede producir en el futuro. Basta pensar en las cantidades de agua necesarias, los productos químicos no muy bien explicitados y el propio coste de la tecnología, por no citar otros. Y otro factor a no olvidar: el tiempo de retorno energético, que es el necesario para recuperar la energía invertida en la fabricación de un dispositivo de aprovechamiento energético renovable. Este tiempo, como nos recuerda la autora, juega en contra de las renovables y a favor de las maniobras especulativas. Ya se sabe que, en nuestros vertiginosos mercados, lo urgente (la ganancia urgente) pasa siempre por encima de lo importante.

En las explotaciones convencionales de hidrocarburos, las primeras en agotarse, las tasas de retorno eran altas, como puede verse en las tablas del enlace que ofrezco. Cada nuevo procedimiento es más costoso que el anterior, y por eso sólo se emplea cuando esa técnica agota sus posibilidades o cuando el producto, por razones generalmente geoestratégicas, resulta inaccesible o excesivamente costoso para el que lo necesita. Los petróleos no convencionales son menos eficientes energéticamente que los abundantes que se quemaron hace más de un siglo, y su obtención es mucho más peligrosa y destructiva.

No creo que esta técnica, defendida sobre todo por la parte interesada, llegue a desarrollarse mucho más, salvo por su uso como arma económica. No creo que llegue proporcionar la abundancia energética exigida por una demanda que desean creciente. Romper la corteza terrestre para extraerle las últimas gotas de energía fósil se parece a querer seguir chupando de la pajita un granizado cuando solo queda hielo. Por muy picado que esté.


En fin, que de nuevo tenemos al elefante bailando sobre la burbuja...



La Jornada


(...)

Qué importa si la única solución que la industria ofrece a la crisis climática es expandir drásticamente el uso del fracking, que libera a la atmósfera cantidades masivas de metano, desestabilizador del clima. El metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes, 34 veces más fuerte para atrapar el calor que el dióxido de carbono, según los más recientes cálculos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Y eso ocurre durante un periodo de 100 años, con el poder del metano reduciéndose a lo largo del tiempo.

Es mucho más relevante, argumenta Robert Howarth, bioquímico de la Universidad de Cornell, observar el periodo de 15 a 20 años, cuando el metano tiene un impresionante potencial de cambio climático: 86 a 100 veces mayor que el dióxido de carbono. Y recuerda: no construyes infraestructura multimillonaria en dólares a menos que planees usarla durante al menos 40 años. Así que la respuesta que le damos a nuestro planeta que se calienta es la construcción de una red de hornos atmosféricos superpoderosos. ¿Estamos locos?

No sabemos cuánto metano se libera al perforar y hacer fracking y con toda su infraestructura. Aun cuando la industria del gas natural vende sus emisiones de dióxido de carbono como ¡más reducidas que el carbón!, nunca ha realizado una medición sistemática de sus fugas de metano. La industria del gas, en 1981, salió con el astuto discurso de que el gas natural era un puente a un futuro de energía limpia. Eso fue hace 33 años.

Y en 1988 –el año que el climatólogo James Hansen alertó al Congreso, en un histórico testimonio, sobre el urgente problema del calentamiento global– la Asociación Estadunidense de Gas comenzó a explícitamente describir su producto como respuesta al efecto invernadero.

El uso que la industria hace de Ucrania para expandir su mercado global, bajo la bandera de la seguridad energética, debe verse en el contexto de este ininterrumpido historial de oportunismo ante las crisis. Sólo que esta vez muchos más de nosotros sabemos dónde está la verdadera seguridad energética. Gracias al trabajo de reconocidos investigadores, como Mark Jacobson y su equipo en Stanford, sabemos que el mundo puede, para 2030, obtener su energía exclusivamente de renovables. Y gracias a los más recientes y alarmantes informes del IPCC sabemos que hacerlo es ahora un imperativo existencial.

Depende de los europeos transformar su deseo de emancipación del gas ruso en una demanda de una acelerada transición a renovables. Tal transición –a la cual las naciones europeas están comprometidas por el Protocolo de Kyoto– fácilmente puede ser saboteada si el mercado mundial es inundado con combustibles fósiles baratos que fueron extraídos mediante fracking del lecho de roca estadunidense. Responder a la amenaza de un calentamiento catastrófico es nuestro más urgente imperativo energético. Y simplemente no podemos darnos el lujo de distraernos con el más reciente ardid de mercadotecnia, alimentado con una crisis, de la industria del gas natural.

Pobres contra pobres

Peleas de perros o de gallos. Diversión infame. Los animales se destrozan ante un público apasionado. Circo romano, aún ahora.

Entre los espectadores, otra lucha diferente. Apuestan, y unos pierden y otros ganan.

Los pobres animales de pelea nunca podrán entender la situación. Para ellos el enemigo es el que pueden percibir como un semejante. Los espectadores están fuera de foco. 

Los seres humanos pueden ser diferentes, pero casi siempre buscan un enemigo de su talla, porque el verdadero enemigo está fuera de escala...

(O eso creen ellos).









Armando B. Ginés
Rebelión

La asonada reciente de Susana Díaz, presidenta de la comunidad autónoma andaluza, contra su socio de coalición IU por realojar a las personas defenestradas que ocupaban la corrala Utopía, ha merecido comentarios muy curiosos por parte de algunos analistas políticos: el PSOE, se dice, ha iniciado una guerra entre pobres, los que protestan y toman iniciativas para reivindicar y resolver acuciantes problemas sociales y los que callan y pasivamente se apuntan a las listas de espera de lo que sea, en este caso de viviendas públicas para familias y personas necesitadas de cobijo urgente.

Esos comentarios no descubren nada nuevo, la guerra entre pobres es santo y seña del régimen capitalista desde siempre. En esa pugna solapada se basa el fundamento principal de dominación de la clase hegemónica. Crear complejidades falsas y diferencias nimias provoca confusión e impide que la conciencia de clase trabajadora anide y eche raíces en amplias capas populares. Esa división o segregación construye sujetos de conveniencia que difuminan la realidad en múltiples perspectivas enfrentadas unas con otras, desfigurando al adversario o enemigos fundamentales, el empresario capitalista y la elite propietaria.

Mientras los ficticios sujetos en liza disputan entre sí por las sobras asistenciales que otorga el poder establecido, la capacidad de maniobra de las elites se fortalece y puede así hacer valer mejor sus derechos particulares o privados, prácticamente sin oposición ni resistencia alguna. Estamos ante una ley básica del sistema capitalista: edificar pluralidades sin fuste y complejidades irreales para evadir de responsabilidad a los grupos que ostentan el poder ejecutivo en la sombra, llámense mercados o emporios transnacionales o credos irracionales con vocación universal.

El mensaje de Díaz y el PSOE, además, intenta socavar y desprestigiar la protesta y movilización social consecuente antes de que cristalice en opción política. Ni la derecha ni la socialdemocracia son amigos de la reivindicación social. Ahí reside el nudo gordiano de la apuesta bipartidista: votar cada cuatro años, replegarse entre consultas electorales al silencio sumiso y tomar del Estado las provisiones graciosas que se implementen desde arriba. Si las ayudas no llegan, para eso están las listas de espera, para formar cola y aguardar a la beneficencia sine die, pero en todo momento en actitud entregada y respetuosa con las decisiones inapelables y caritativas del establishment.

Lucha de clases y guerra de pobres contra sí mismos. Son las dos alternativas radicales en las que se dirimen las disputas dentro del entramado capitalista. En España y en el mundo de la globalización neoliberal. El exacerbamiento de una u otra pugna indica el grado de dominación y sometimiento de la clase trabajadora a los designios de las elites nacionales e internacionales en cada momento histórico.

Las castas hegemónicas pretenden erradicar la lucha de clases a cualquier precio, manu militari cuando es menester e ideológicamente en épocas de paz social y control político sostenido en marcos más o menos democráticos. En estas situaciones de paz inestable, sobre todo en crisis profundas, se atiza la guerra entre pobres mediante la competitividad salvaje entre segmentos populares que tienen que sobrevivir en la imperiosa búsqueda de soluciones existenciales inminentes ante la escasez inducida de bienes, empleos y recursos económicos. Esa complejidad ficticia permite autoculpabilizar a la clase trabajadora en su conjunto y a las capas populares más desfavorecidas saliendo de foco los autores y responsables de las graves carencias que padecen. El divide y vencerás sigue funcionando a las mil maravillas.

Todos los días se dirime esa guerra de guerrillas entre pobres en dualidades maniqueístas creadas a tal efecto. Hombres contra mujeres. Feministas contra mujeres tradicionales. Autóctonos contra inmigrantes. Parados contra trabajadores. Trabajadores fijos o indefinidos contra trabajadores temporales o en precario. Empleados cualificados contra no cualificados. Heterosexuales contra gais y lesbianas. Creyentes contra ateos o simplemente laicos. Independentistas contra ciudadanos no adscritos a proyectos nacionalistas.

El rosario de binomios similares a los citados es extenso y prolijo. Por cada uno de ellos se escapan preciosas energías sociales que convierte en fuerza de dominación férrea o explosiva el régimen capitalista. Entrar en el juego de dispersión propuesto por el sistema hegemónico es fortalecer los intereses propios de las castas financieras y las elites políticas. En esa ceremonia de la confusión, la clase trabajadora, sin saberlo, se transforma en un magma de fácil digestión para el neoliberalismo actual.

Complejidad no es una categoría sinónima de libertad ni pluralidad de sujetos emergentes es tampoco garantía de una democracia saludable y perfecta. Complejidad y sujetos múltiples enfrentados entre sí son conceptos sociológicos de conveniencia levantados de la nada como mecanismo de control y sometimiento de las clases populares. El conflicto social verdadero y auténtico queda soterrado bajo este aluvión de reyertas superficiales y banales sin trascendencia histórica.

El conflicto histórico entre capital y trabajo se elude a conciencia en las sociedades actuales de corte occidental. La ideología es una batalla que jamás ha cesado, siempre está ahí operativa, moldeando modos de pensar e interpretar la realidad en línea con los intereses de las elites de todo tipo. En este campo, el ideológico, es donde más se perciben las debilidades estructurales de la izquierda transformadora.

El denominado estado del bienestar y las concesiones en materia doctrinal han desmovilizado a la clase trabajadora, dejándola a la intemperie, sin utopías ni horizontes hacia donde dirigir sus acciones, miradas e ilusiones colectivas. Tanto desde la posmodernidad como desde la globalización neoliberal se ha sentenciado a bombo y platillo que el fin de la historia ha cerrado cualquier relato filosófico y político por un mundo mejor. Solo existen ya impulsos individuales hacia la plena autorrealización personal, insolidaria y ególatra. Un triunfo aplastante de las tesis más derechistas y de las izquierdas institucionalizadas más contemporizadoras con el orden establecido y en sintonía con las clases medias surgidas de la desmembración social contra el capitalismo.

En ausencia de relato colectivo, ¿qué es un individuo aislado en mitad de la selva neoliberal capitalista? ¿A qué puede aspirar un parado sin el apoyo de los miembros de su clase? ¿Dónde llegará un inmigrante que huye de la pobreza extrema? La guerra de pobres contra pobres es una estrategia capitalista para controlar la justa rebeldía contra las clases dominantes. En Andalucía, en España y en el resto del mundo. La escasez y la austeridad convierten al ser humano en un lobo contra todos: esa competencia es el motor que engrasa la injusticia radical y la explotación extrema del sistema capitalista.