jueves, 18 de diciembre de 2014

La tercera guerra mundial

La primera vez en que se jugó fuerte al póker de la destrucción mutua asegurada fue en la "crisis de los misiles". En el duelo entre K. y K. pestañeó el soviético y con ello nos ofreció una prórroga que mal que bien aún dura. La segunda vez el desarme unilateral de Gorbachov, nada correspondido por la OTAN, transmutó a la decadente Unión Soviética en la Rusia subalterna. Los vencedores de la partida aprovecharon un mundo sin contrapesos para ir destrozando país tras país sin resistencia posible. Son difícilmente calculables los daños causados por la ruptura del anterior statu quo.

En su audaz huida hacia delante el jugador se halla a las puertas de una Rusia menos sumisa. El póker está armado otra vez. El doctor Strangelove cree tener buenas cartas.

Público.es

Todo indica que está en preparación la tercera guerra mundial. Es una guerra provocada unilateralmente por los EE.UU. con la complicidad activa de la UE. Su objetivo principal es Rusia e indirectamente China. El pretexto es Ucrania. En un raro momento de consenso entre los dos partidos, el Congreso de los EEUU aprobó el pasado día 4 la Resolución 758, que autoriza al Presidente a adoptar medidas más agresivas de sanción y de aislamiento contra Rusia, a proveer de armas y otras ayudas al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar de los EEUU en los países vecinos de Rusia. La escala de provocación a Rusia tiene varios componentes que, en conjunto, constituyen la segunda guerra fría. En ésta, al contrario que en la primera, se asume ahora la posibilidad de guerra total y, por tanto, de guerra nuclear. Varias agencias de seguridad hacen ya planes para el Day After de un enfrentamiento nuclear. 

Los componentes de la provocación occidental son tres: sanciones para debilitar a Rusia, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra de propaganda. Las sanciones son conocidas, siendo la más insidiosa la reducción del precio del petróleo, que afecta de modo decisivo a las exportaciones de petróleo de Rusia, una de las más importantes fuentes de financiación del país. Esta reducción conlleva el beneficio adicional de crear serias dificultades a otros países considerados hostiles (Venezuela e Irán). La reducción es posible gracias al pacto sellado entre EE.UU. y Arabia Saudita, por el cual EE.UU. protege a la familia real (odiada en la región) a cambio de mantener la economía de los petrodólares (transacciones mundiales de petróleo denominadas en dólares), sin los cuales el dólar colapsaría como reserva internacional, y con ello, la economía de los EEUU, el país con la mayor y más impagable deuda del mundo.

El segundo componente es el control total del gobierno de Ucrania, de manera que el país se transforme en un estado satélite. El respetado periodista Robert Parry (que denunció el escándalo de Irán-Contra) informa de que la nueva ministra de Economía de Ucrania, Natalie Jaresko, es una ex-funcionaria del Departamento de Estado, ciudadana de los Estados Unidos, que obtuvo la ciudadanía ucraniana días antes de asumir el cargo. Ella era hasta ahora presidente de varias empresas financiadas por el Gobierno norteamericano, creadas para actuar en Ucrania. Ahora se comprende mejor la expresión, en febrero pasado, de la Secretaria de Estado norteamericana para los asuntos europeos, Victoria Nulland: “Fuck the UE”. Lo que ella quiso decir fue “¡Rayos! Ucrania es nuestra. Pagamos para eso”.

El tercer componente es la guerra de propaganda. Los grandes medios y sus periodistas están siendo presionados para difundir todo lo que legitima la provocación occidental y ocultar todo lo que la cuestiona. Los mismos periodistas que, tras los briefings de las embajadas de los EEUU y de Washington, colmaran las páginas de sus periódicos con la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, están ahora repitiendo la mentira de la agresión de Rusia a Ucrania. Pido a los lectores que imaginen el escándalo mediático que ocurriría si se supiese que el Presidente de Siria acaba de nombrar a un ministro iraní a quien días antes le concedió la nacionalidad siria. O que comparen el modo en que fueron publicadas y analizadas las protestas en Kiev en febrero pasado y las protestas de Hong Kong de las últimas semanas. O que evalúen también la relevancia dada a la declaración de Henry Kissinger de que es una temeridad estar provocando a Rusia. Otro gran periodista, John Pilger, decía recientemente que si los periodistas hubiesen resistido a la guerra de propaganda, tal vez se hubiese evitado la guerra de Iraq en la que han muerto hasta el fin de la semana pasada 1.455.590 iraquís y 4801 soldados norteamericanos. ¿Cuántos ucranianos morirán en la guerra que se está preparando? ¿Y cuántos no ucranianos?

¿Estamos en democracia cuando el 67% de los norteamericanos están en contra de la entrega de armas a Ucrania y el 98% de sus representantes votan a favor? ¿Estamos en democracia en Europa cuando una discrepancia semejante o mayor separa a los ciudadanos de sus gobiernos y de la Comisión de la UE? ¿O cuando el Parlamento Europeo sigue en sus rutinas, mientras Europa está siendo preparada para ser el próximo teatro de guerra, y Ucrania, la próxima Libia?

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