viernes, 15 de diciembre de 2017

Capitalismo corporativo

¡Qué gran estafa, la estafa ideológica!

Cuando delante de nuestras narices estaba el problema (el imposible crecimiento material de la economía) nos hicieron "mirar para otro lado". Siguieron hablando del crecimiento de la economía, para que la riqueza "desbordara" hacia las poblaciones más pobres. Esto es cierto en parte: más millonarios, más criados, más joyerías, más delicatessen, más empleo basura para satisfacer necesidades imaginarias de los privilegiados (ya oigo las voces, "¡demagogo, que eres un demagogo!")...

Se ha dicho que el nuevo crecimiento será de la "economía inmaterial". Esto se ha demostrado falso de toda falsedad: la economía inmaterial tiene una base bien material. Los hechos demuestran que cualquier crecimiento del PIB es correlativo de un mayor consumo de energía y materiales.

El único crecimiento que estamos viendo, el de la riqueza de los más ricos, es a costa de una naturaleza que no da más de sí. Cuando se estanca, queda el recurso de la mayor explotación de los que trabajan de verdad, de los que crean la riqueza, bien es verdad que extrayéndola de la naturaleza con un esfuerzo cada vez mayor.

Y asistimos estupefactos a la sobreexplotación.

Del artículo que sigue destacaría:
Una afirmación de la principal responsable de la Confederación de la Industria Británica, Carolyn Fairbairn: los problemas del capitalismo actual se pueden resumir en cuatro puntos:
  • la inestabilidad financiera
  • la primacía del valor para los accionistas a expensas de cualquier otro objetivo
  • la evasión de impuestos 
  • los elevados salarios de los directivos
Las 5 leyes generales inherentes a la dinámica capitalista que Marx describió en El Capital se están verificando.
  • en primer lugar, la ley de acumulación y la tasa decreciente de ganancia. Basta echar una ojeada a la evolución de las diferencias de rentas per cápita a escala mundial para confirmar el enunciado
  • en segundo lugar, la ley de concentración creciente y de centralización de la industria. Es evidente cada día la mayor concentración global en todos y cada uno de los sectores económicos, de manera que hay una tendencia a concentrar más dinero en menos manos
  • en tercer lugar, la ley del creciente ejercito industrial de reserva (hablando en Román-Paladín, parados). Echen una ojeada a nuestro país para entender como se está cumpliendo a rajatabla
  • en cuarto lugar, la ley de la miseria creciente del proletariado. Sin comentarios, ¿verdad?
  • Finalmente, la ley de las crisis y depresiones, donde Marx vinculó la explicación de los ciclos económicos al gasto en inversión
Este capitalismo corporativo morirá matando. Pero cuando se derrumbe, desaparecerá por completo.







Es curioso, pero una vez desaparecida la influencia política del marxismo resulta que es ahora cuando justamente se están cumpliendo todas y cada una de las leyes que Karl Marx nos dejó en una de sus obras cumbre, El Capital.


Debo confesarlo, cada día que pasa soy mucho más negativo de fondo, pensando en términos de ciclos económicos de medio y largo plazo. El sistema de capitalismo corporativo que ha venido funcionando desde la llegada al poder de los neoconservadores y de sus huestes neoliberales no tiene visos de renovarse. Morirá matando, no cabe duda. Pero cuando se derrumbe, desaparecerá por completo. El problema es que en el ínterin está dejando a muchísima gente en la cuneta. Ya no hace falta hacer guerras, basta con extender condiciones laborables miserables aquí y allá para generar caos y miseria. Y eso es lo que hacen cada día las élites económicas psicópatas con el apoyo entusiasta de los distintos gobiernos de turno. Amontonan más riqueza que nunca y para su supervivencia cuentan con el apoyo inestimable de parte de una clase media, asustadiza, pusilánime, cobarde, mediocre.

Echen una ojeada a su alrededor. Tras la Gran Recesión ¿dónde han quedado todas aquellas promesas de renovación?, ¿dónde han quedado los mea culpas?, ¿qué han sido de los distintos actos de contrición prometidos? Nada, enésima vuelta de tuerca. Ya saben nuestro argumento de fondo, hemos sufrido un golpe de Estado corporativo y vivimos en una especie de dictadura que Sheldon Wolin denominó Totalitarismo Invertido. Lo demás, majaderías.

Van a continuar haciendo lo mismo que en las últimas décadas. Enésima vuelta de tuerca a los salarios, enésimo empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, enésimos proceso de privatización de servicios públicos, enésimas bajadas de impuestos para los de arriba, enésimas argucias para trasladar más dinero a paraísos fiscales, enésimo proceso de concentración empresarial (oligopolios). Y parte de la clase media y de los pensionistas (aún no se han enterado que sus pensiones en España las está pagando sus hijos y nietos), manteniendo elección tras elección a esta panda de psicópatas. De los medios de desinformación masiva mejor ni mencionarlos.

La deriva del capitalismo corporativo

Me desternillo cuando veo a ejecutivos de distintas multinacionales hablando de liderazgo, responsabilidad social y responsabilidad corporativa. Palabras huecas, pura cháchara. Desde la Gran Depresión nunca las grandes corporaciones globales habían sido tan inútiles para nuestra sociedad como lo son ahora. Dichas corporaciones están deteriorando todo aquello que tocan de manera inmisericorde, impidiendo de hecho que las empresas crezcan. Se han olvidado de la formación de sus empleados, de la inversión productiva, de la remuneración de sus trabajadores, de la satisfacción de proveedores y clientes. Su única prioridad es retribuir a los accionistas y a su gerencia. Estamos en una fase de neo-feudalismo.


La macroeconomía y las finanzas neoclásicas ofrecen sin duda un amplísimo abanico de pésimas ideas, todas ellas alrededor de hipótesis falsas -eficiencia de los mercados, racionalidad de los inversores…-. Y entre esas malas, malísimas ideas, hay una asumida ya no solo en determinados ambientes académicos, sino también en el oxímoron de la sabiduría convencional, es decir, entre los que habitan en el mundo real. Nos referimos a la maximización del valor de los accionistas.

La subida a los altares y la sacralización de la maximización del valor de la acción se remonta a un editorial de Milton Friedman de 1970 en el que sostenía que "solo hay una responsabilidad social de las empresas, utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus ganancias...". Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo, desde el lado del gobierno corporativo, en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas. Combinando la hipótesis de eficiencia de mercados con la Teoría de Agencia ello se lograría, según la economía financiera neoclásica, maximizando el precio de la acción. Sin duda alguna fue un camino hacia el desastre completo: menor inversión, mayor desigualdad, y hundimiento de la productividad. Y ahí seguimos.

Lo único novedoso es que se empiezan a oír voces dentro del sistema entonando el mea culpa. De todas ellas permítanme quedarme con una que recoge perfectamente todos los males del capitalismo actual. Me refiero a una afirmación de la principal responsable de la Confederación de la Industria Británica, Carolyn Fairbairn. Según ella, los problemas del capitalismo actual se pueden resumir en cuatro puntos: “la inestabilidad financiera, la primacía del valor para los accionistas a expensas de cualquier otro objetivo, la evasión de impuestos y los elevados salarios de los directivos”.

Carlos Marx ha acabado acertando de lleno
Es curioso, pero una vez desaparecida la influencia política del marxismo resulta que es ahora cuando justamente se están cumpliendo todas y cada una de las leyes que Karl Marx nos dejó en una de sus obras cumbre, El Capital. Al margen de la enorme complejidad de este libro (muchas veces debo leer dos o más veces pasajes del mismo para poder comprenderlo), es indudable que las 5 leyes generales inherentes a la dinámica capitalista que Marx describió en El Capital se están verificando.

En primer lugar, la ley de acumulación y la tasa decreciente de ganancia. Basta echar una ojeada a la evolución de las diferencias de rentas per cápita a escala mundial para confirmar el enunciado. En segundo lugar, la ley de concentración creciente y de centralización de la industria. Es evidente cada día la mayor concentración global en todos y cada uno de los sectores económicos, de manera que hay una tendencia a concentrar más dinero en menos manos. En tercer lugar, la ley del creciente ejercito industrial de reserva (hablando en Román-Paladín, parados). Echen una ojeada a nuestro país para entender como se está cumpliendo a rajatabla. En cuarto lugar, la ley de la miseria creciente del proletariado. Sin comentarios, ¿verdad? Y, finalmente, la ley de las crisis y depresiones, donde Marx vinculó la explicación de los ciclos económicos al gasto en inversión. ¡Touché!

Lo dicho, muerto el marxismo, y una vez desechado el consenso keynesiano, el capitalismo corporativo va a hacer que se cumplan todas y cada una de las grandes premisas de Karl Marx. Y no les quepa duda que este capitalismo corporativo morirá matando. Pero cuando se derrumbe, desaparecerá por completo.

jueves, 14 de diciembre de 2017

¡Qué pena!

El eterno retorno

Como tema de reflexión filosófica o de especulación científica la escala temporal es cósmica. El tema parece indecidible. ¿Es único el universo o existen varios, o su número es infinito? De no ser único ¿tienen contacto unos con otros? ¿Es nuestro universo lineal o circular? Y en el primer caso, ¿tuvo principio, tendrá fin? ¿es su tiempo una recta, una semirrecta o un segmento?

Todas estas cuestiones imaginativas presuponen una idea del "todo" o del "universo". Según consideremos el concepto podremos aceptar una hipótesis compatible con él.

En su versión "fuerte", el eterno retorno supone un universo estrictamente circular. Un universo finito y cerrado que ofrecería un número limitado de posibilidades. Agotadas estas, y considerando el mundo como un gran mecanismo de relojería, se repetiría todo de forma exactamente igual.

Una versión "débil" introduce variantes en las repeticiones. Más que circular, tendríamos un mundo con un atractor. El determinismo se diluye, y el eterno retorno es más metafórico que real.

En el estado actual de la ciencia, más que la gran burbuja del Ser de Parménides imaginamos un universo con un burbujeo que produce repeticiones, pero cada vez más apagadas, sin un "big crunch", pero con una "muerte térmica" asintótica que, eso sí, se alargaría infinitamente ¿o no?

¿Y cómo explicamos el estado inicial?

¿Resuelve algo la hipótesis del universo inflacionario autorregenerante o solo retrasa los interrogantes?


La idea más sugerente nos la da Borges (¿quién mejor?) en El Jardín de senderos que se bifurcan:
El jardín de los senderos que se bifurcan es una imágen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravezar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.
Sin remontarnos a la incertidumbre cuántica, toda decisión de cada uno de nosotros es una bifurcación. En potencia las posibilidades de futuro son infinitas, y carece de sentido ver el futuro como un espejo del pasado, aunque sea consecuencia incierta de él.

Todo esto es especulación. El problema de los tiempos del universo es tan irresoluble como el del surgimiento y final de la conciencia de cada uno. La historia universal, la historia natural y la historia entera del universo las proyectamos desde nuestra duración, porque nuestra conciencia es la fuente de nuestra idea del tiempo. 

Las religiones se han planteado ambas duraciones y las han "resuelto" de diferentes formas. La infinitud o finitud del tiempo y las nociones correlativas sobre la vida corren parejas, y así tenemos distintas "explicaciones", A la creación del mundo corresponde la del alma, al trasmundo tras el juicio final, la vida de ultratumba. Y a la visión de un mundo sin principio ni fin corresponde la transmigración de las almas. El budismo corta esta idea atormentadora con el Nirvana. 

El ser determina (más o menos) la conciencia, y la conciencia imagina el Ser. Esto vale para el Ser-Tiempo. 

Si la vida es una parábola del tiempo, y el tiempo una idea surgida de la vida consciente, pasemos a otra idea posible: del eterno retorno del universo a la vida eterna...


La vida eterna

¿Cielo o infierno? ¿premio o castigo? La simplicidad dicotómica de las religiones suele imaginar dos formas extremas de vida eterna. Para los griegos y romanos la cosa no estaba tan clara, y su infierno era más bien una prolongación de las dificultades de la vida terrena. Otra vez la cosmogonía parte de la experiencia vital.

Proyectamos nuestra vida al más allá (terrenal) imaginando el futuro después de nosotros. Ahí es donde nos sentimos prolongados. Por eso el futuro del eterno retorno, volviendo siempre a lo mismo, no es precisamente una idea consoladora. Y una vida de eterna repetición tampoco lo es.

El experimento mental de una vida terrenal sin límite, aunque parece desable a primera vista, si se analiza con cuidado y no se cree en una progresión ininterrumpida hacia la felicidad plena puede convertirse en una idea lúgubre.

Eso es lo que nos dice Borges en su cuento El inmortal: La eternidad como pesadilla.

Un presente eterno y obsesivo, contra lo que solo hay un remedio: el olvido. Otra vez Borges nos lo hace ver en Funes el memorioso.


En este mismo blog, sobre el tiempo en Borges:




Un derrotado y desesperanzado León Felipe funde el eterno retorno de lo mismo con la idea de una larga vida que se le hace eterna en este poema. La versión cantada de Los Olimareños interpreta perfectamente la desolación del poeta.




“Qué día
tan largo…
y qué camino
tan áspero…”

LF
“¡Qué pena!”

¡QUÉ
pena
si este camino
fuera
de muchísimas
leguas
y siempre
se repitieran
las mismas
cuestas,
las mismas
praderas,
los mismos rebaños,
las mismas recuas
los mismos pueblos,
la mismas ventas!…

 ¡Qué
pena
si esta vida
tuviera
—esta vida
nuestra—
mil años
de existencia!…
¿Quién la haría hasta el fin
llevadera?
¿Quién la soportaría toda
sin protestas?…
¿Quién lee diez siglos en la Historia
y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre
con distinta fecha?…
Los mismos hombres,
las mismas guerras,
los mismos tiranos,
las mismas cadenas,
los mismos esclavos
las mismas protestas
los mismos farsantes,
las mismas sectas
y los mismos poetas!…

¡Qué
pena,
qué
pena
que
sea
así todo siempre,
siempre de la misma manera!

León Felipe

“Versos y oraciones del caminante” – XXXI – 1920-1929.

martes, 12 de diciembre de 2017

Carbón para Mike

La mejor teoría de la literatura es su praxis. Lo demás son comentarios. Pero por eso mismo no podemos menospreciar la práctica teórica, la que reclamaba Gabriel Celaya.

La emoción es el auriga de las acciones que merecen la pena. Y la emoción poética es poiesis, creación, «la causa que transforma cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser».


Pero ahora no hay guardafrenos, ni guardavías. Todo se controla a distancia.

Será por eso que la solidaridad no es automática...


Me han contado que en Ohio,
a comienzos del siglo,
vivía en Bidwell una mujer,
Mary McCoy, viuda de un guardavía
llamado Mike McCoy, en plena miseria.

Pero cada noche, desde los trenes ensordecedores de la Wheeling Railroad,
los guardafrenos arrojaban un trozo de carbón
por encima de la tapia del huerto de patatas
gritando al pasar con voz ronca:
«¡Para Mike!»

Y cada noche, cuando el trozo de carbón para Mike
golpeaba en la pared posterior de la chabola,
la vieja se levantaba, se ponía,
soñolienta, la falda, y guardaba el trozo de carbón,
regalo de los guardafrenos a Mike, muerto
pero no olvidado.

Se levantaba tan temprano y ocultaba
sus regalos a los ojos de la gente,
para que los guardafrenos no tuvieran dificultades
con la Wheeling Railroad.

 Este poema está dedicado a los compañeros
del guardafrenos McCoy
(muerto por tener los pulmones demasiado débiles
en los trenes carboneros de Ohio)
en señal de solidaridad.
 
Bertolt Brecht

Cinco aforismos

Salvador López Arnal reseña el último libro de Jorge Riechmann, Tuits para el Siglo de la Gran Prueba. Disparos con parábola.

El tiro parabólico del mortero pasa por encima de los obstáculos, pero para ser eficaz debe apuntar con precisión. Ahora el muro a superar es la prisa por pasar a otra cosa. De ahí la idea de los tuits. Tuits cargados y precisos.

En su blog cuyo nombre define su intención, Riechmann coloca frecuentemente estas frases cortas pero cargadas de contenido.

Puesto que "el personal" ha perdido la costumbre, y tal vez la posibilidad, de una lectura reposada, no viene mal la fórmula del periodo corto para decir lo que hay que recordar permanentemente.

Mi manía de subrayar machaconamente textos ajenos tiene esa intención didáctica, una costumbre de estudiante... que pretendiendo ayudar al lector tal vez le dificulte su personal análisis.

El escritor colombiano, injustamente olvidado, Vargas Vila fijaba la atención con un ardid muy personal, su poética distribución de los párrafos. Periodización que sugiere una pausa reflexiva. El corte radical del punto da por cerrada la idea; este Vargas sin Nobel empleaba el punto y coma y aparte; es apenas un suspiro, sin la indefinición casi definitoria de los puntos suspensivos...

Vuelvo a la realidad: el reseñador destaca cinco aforismos. Los respeto.

Otra arista (importante) de un activista y pensador poliédrico
Salvador López Arnal
El Viejo Topo
 

 (...)
Finalizo señalando los cinco aforismos, los cinco disparos que a mí me han gustado más de este libro (no niego que es posible que sean otros en una segunda aproximación):

1) Transformar la naturaleza es una cosa; hacerle la guerra, otra bien distinta. No nos hemos dado cuenta de que hacer la guerra contra la naturaleza es hacérnosla a nosotros mismos…

2) La otra opción es la vida buena: buscar la calidad de las experiencias en vez de la cantidad de las vivencias, bailar sobre una baldosa, estar ahí.

3) TINA (el tema thatcheriano There Is No Alternative); no era una oración descriptiva, sino performativa: estamos destruyendo las condiciones culturales, económicas y políticas de las posibles alternativas al capitalismo.

4) No hay la Verdad con mayúsculas, cierto. Pero sí que hay verdades; y sobre todo hay mentiras, engaños -y múltiples formas de autoengaño-.

5) Filosofía para el siglo XXI: necesitamos un poco más de cosmos y un poco menos de sujeto.
(...) 

lunes, 11 de diciembre de 2017

La expresión gráfica en la ingeniería (11-c)

Recordaré una vez más que aquí empezó todo esto.

Ilustré la entrega anterior con una tan bella como simple escultura de Andreu Alfaro (qué casualidad: mañana mismo cierra su más reciente exposición, en Valencia; vaya, la información os llega un poco tarde).

Aquella escultura representa un helicoide. La superficie no es desarrollable, porque a lo largo de cada recta generatriz sus puntos no mantienen un único plano tangente. Al comienzo de la página que le dedica Wikipedia podéis ver otro helicoide casi idéntico, aunque con un desarrollo algo mayor. En él la recta va dando media vuelta hasta invertir su sentido. Otra media vuelta y volverá a la posición de partida. Cualquier número de vueltas repetirá la figura como el filete de un tornillo, que es precisamente una superficie helicoidal.

Pero si un helicoide mantiene el plano tangente en todos los puntos de una generatriz, entonces será una superficie desarrollable. Esto es lo que ocurre en la figura que sigue, que es un helicoide desarrollable:


¿Que lo hace desarrollable? pues que se trata de una superficie tangencial. Es decir, el desplazamiento de la tangente sobre una curva (en este caso una hélice, pero podría ser una curva continua cualquiera) va definiendo la superficie. Ese plano tangente a ella es el mismo, no sólo en el punto de tangencia, sino a lo largo de toda la generatriz. Por eso la superficie es desarrollable.

Se trata del plano osculador, el que besa la curva (esto es, el que mejor se acomoda a ella) que aparece de canto en la vista 3 de la página 7.17. Es el que contiene el círculo osculador, que ese sí que la besa cariñosamente y se acopla a ella (recuérdese el comienzo de esta entrega).

Sobre esta superficie tangencial vuelvo más abajo.

Ya hemos visto superficies desarrollables, como esta definida por dos curvas, alrededor de la cual damos ahora un paseo para verla desde diferentes puntos de vista.


Como hacemos con esta otra, definida por un núcleo y una curva, en este caso esfera y circunferencia:


Es ahora cuando vemos la relación de la curva (hélice) con la superficie tangencial (helicoide desarrollable):


Siguen vistas encadenadas de algunas superficies desarrollables de aquellas de "rodadura incómoda", para mejor comprenderlas. La primera, definida por dos elipses en planos paralelos:


Otro troncomóvil, desplazando las elipses:


Ahora, una circunferencia y una elipse:


Desplazando ambas curvas:


Una peonza rara. Dos circunferencias en principio concéntricas: rotamos 90º el plano de la menor y hacemos rodar el conjunto:


Probad a construir el juguete. Recortad dos círculos de cartulina fuerte, uno de radio mayor que el otro, centrad una ranura en el mayor y encajad allí el menor. Si materializáis las generatrices con hilos tirantes veréis mejor la superficie.

Lo dejamos por ahora.
(continuará)

domingo, 10 de diciembre de 2017

Barcos de papel

Un cuento que no es un relato, que apenas es una escena, escena que encierra una idea, idea que guarda un sentimiento.

También yo --¡oh, esa palabra que no querría pronunciar, el sujeto que aparece en los verbos de nuestra lengua como inevitable imposición al impersonal! Me gustaría poder decir "siente", como digo "llueve" (y dicho sea de paso, aunque quite a mi sentir fuerza poética, aquí y ahora está lloviendo de lo lindo)-- yo, como digo, siento que cada día echo mis barquitos a este universo virtual que imaginamos que nos hermana. Con la esperanza de que alguien los conviva, siquiera un instante.



[Cuento - Texto completo.]

Rabindranath Tagore

Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente.

En ellos he escrito, con grandes letras negras, mi nombre y el nombre de mi pueblo.

Confío en que alguien los encontrará, en un país lejano, y así sabrá quién soy.

Cargo mis barquitos con flores de shiuli cogidas en nuestro jardín, y espero que estas flores abiertas al amanecer tendrán la suerte de llegar al país de la noche.

Después de haber echado al agua mis barcos de papel, levanto los ojos al cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas blancas y combadas.

Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde el cielo, lanzándolas al viento, para que compitan con mis barcos…

Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre mis brazos y sueño que mis barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos, bajo la claridad de las estrellas de la medianoche.

Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan por carga sus cestos llenos de ensueños.

FIN

Progreso... ¿qué progreso?

Una visión dialéctica del mundo me lleva a invertir (dialécticamente, claro) la cruel ironía del ciego,  "¿qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud", para ponerla sobre los pies y actualizarla en "lo que te dió salud te enferma ahora".

Porque la idea de progreso que ha acompañado el ascenso de este sistema económico tan voraz como suicida es bifronte. Junto a logros innegables contiene la semilla de la destrucción. Ahora comienza el descenso, y casi (solo casi) asombra la pertinaz insistencia en mantenerla cuando está ya en el umbral el ocaso inevitable del sistema. Casi asombra, porque el prestigio y el conocimiento de los mejores cerebros contiene en sí también el del reptil del que procedemos. Y existe un instinto negador de lo desagradable.

La humildad a que nos lleva entender esto es el primer paso para trascenderlo.

La (auto)destrucción del capitalismo actual (vaya, ya salió la palabreja inevitable), en vez de dar lugar a un mundo mejor puede, va camino de ello, causar un daño inmenso a la humanidad, como ya lo está haciendo a muchas otras formas de vida.

Jorge Riechmann reflexiona una vez más, en su discurso tan monótono como necesario (pero la nota pedal es la que sostiene la melodía) sobre estas cosas.

Para los que se desesperan por no poder leer todo lo que les interesa, dejo aquí la pregunta y el casi decálogo de sus indicaciones finales.






































(...)

En esta tremenda tesitura, me atrevo a proponer nueve indicaciones para pensar nuestro presente, y con ello cierro estas páginas:
  1. Lucidez –no autoengañarnos. Nada de wishful thinking. Aunque eso conduzca a ser considerados “extremistas” desde el “centro” de la cultura dominante, que sí que es extrema (¡nada más extremo que el capitalismo con su dinamismo autoexpansivo de crecimiento perpetuo!).
  2. No exagerar (síntesis budista- cristiana a través del sabio jesuita Juan Masiá).
  3. Superar en lo posible el fetichismo de la mercancía, la máxima fuente de alienación a lo largo de toda la Modernidad, como nos han recordado las “nuevas lecturas de Marx” (la crítica del valor de Robert Kurz y su gente, tan bien sintetizada por Anselm Jappe en un libro como Las aventuras de la mercancía, Pepitas de Calabaza, Logroño 2016.).
  4. Desprendernos de la tecnolatría. Tratar de pensar con la mayor objetividad posible acerca de la técnica (y la tecnociencia).
  5. Perspectiva no sólo de longue durée (Fernand Braudel) sino de Big History: lo humano en perspectiva cósmica. (Un buen texto en español para ello es el de Fred Spier: El lugar del hombre en el cosmos, Crítica, Barcelona 2011.)
  6. Reconocer el carácter fosilista de nuestra cultura –y de nuestras ideas de emancipación humana. Prioridad del binomio energía-clima. (Cómo afrontarlo en el marco de un proyecto de país para el Estado español es lo que han explicado Fernando Prats, Yayo Herrero y Alicia Torrego en La Gran Encrucijada, Libros en Acción, Madrid 2016).
  7. “Renaturalizar” las ciencias sociales y la filosofía (como sugería Manuel Sacristán en sus últimos años de vida). No sólo Marx, Nietzsche y Freud –también Sadi Carnot y Charles Darwin. La autonomía del sujeto humano es un logro civilizatorio, pero no puede construirse sobre una fantasiosa oposición a la naturaleza.
  8. Por eso, priorizar por encima de todo la construcción de una cultura no de dominación sobre la naturaleza, sino de simbiosis con ella. No estamos por encima de la naturaleza –como observa Mª José Guerra- sino que somos naturaleza en la naturaleza (Breve introducción a la ética ecológica, Antonio Machado Libros, Madrid 2001). Si pudiéramos aceptar que somos, esencialmente, animales con responsabilidades especiales 
  9. Comprender (y venerar) el carácter excepcional de nuestra Madre Tierra, Gaia/ Gea, con sus impresionantes capacidades de autorregulación basada en la vida y favorable a la vida. La biosfera-en-geosfera de nuestro tercer planeta del Sistema Solar constituye un gran supersistema homeostático: la comparación con la tórrida Venus y el helado Marte, desprovistos de vida, debería enseñarnos “temor y temblor”. (Hace tiempo que la hipótesis Gaia se convirtió en la teoría Gaia: nuestro medio ambiente planetario es homeostático. El sistema de la Tierra se autorregula, tendiendo a mantener constantes su temperatura y composición atmosférica. James E. Lovelock lo comprendió en los años setenta del siglo XX, y desde entonces hemos ido entendiendo cada vez más de la inmensa complejidad de estos mecanismos de autorregulación, y del papel crucial de los seres vivos en ello.) Si queremos tener un porvenir en la Tierra, cuidemos la vida. Nos va –literalmente- la vida en ello. Como señaló en muchas ocasiones la gran Lynn Margulis, Homo sapiens es peligroso para sí mismo (y para muchas otras especies), pero no para Gaia. “Gaia, una perra vieja, no está en absoluto siendo amenazada por los humanos. La vida planetaria sobrevivió por lo menos tres mil millones de años antes de que la humanidad fuera siquiera el sueño de un simio lúcido que deseaba una compañera sin pelo. Necesitamos honestidad. Necesitamos que nos liberen de nuestra arrogancia especie-centrista. (…) No somos los más importantes porque seamos tan numerosos, poderosos y peligrosos. Nuestra tenaz ilusión de poseer una patente de corso oculta nuestro verdadero estatus de mamíferos erectos y enclenques” (Margulis, Planeta simbiótico, Debate, Madrid 2002).