jueves, 22 de junio de 2017

Dos conciertos para ti

Una persona muy cercana (más en el tiempo anterior que en el espacio actual) me recomendó con entusiasmo estas versiones de dos conciertos para piano de Mozart.

No conocía a la pianista, Mitsuko Uchida, pero una vez vista y oída su interpretación consideré oportuno incluirla en este blog y bajo esta etiqueta.

En este primer vídeo podemos apreciar, además, su capacidad para interpretar y dirigir a la vez la orquesta. Juzgad vosotros mismos sobre la exquisitez de esta versión.



El otro concierto:



Su propia forma de actuar y de vivir la música, ¿no es digna de la mejor imaginería barroca? Tiene algo de los éxtasis escultóricos de Bernini, o de las figuras de la Pasión de Cristo.

miércoles, 21 de junio de 2017

Crisis del capital (II)

Sigue a continuación el artículo cuya publicación comencá aquí y que por su longitud he dividido en varias entregas.

En esta segunda se analiza el mecanismo especulativo de la financiarización como forma de succionar la riqueza real de los otros cuando ha disminuido la posibilidad de seguir creando riqueza propia.

Es un modo más de continuar la "acumulación por desposesión" que ha sido siempre la forma más fácil de adquirir riqueza. Si el salteador de caminos o el usurero tradicional lo hacían en pequeña escala y con cierto riesgo, la guerra de rapiña y el pillaje colonial mejoraron la fórmula, y ahora el sistema, al agotar las anteriores posibilidades, la renueva en forma de gobierno financiero mundial.

La plusvalía que a trancas y barrancas sigue extrayendo la "economía real", es fácilmente intercambiada por dinero, que no es valor en sí mismo, sino pura representación del valor de las cosas. La creencia de que alguien respaldará esa "promesa de pago" con algo de valor material equivalente permite a una empresa emitir papeles, dinero financiero, respaldados por una riqueza que se supone previamente generada. La imposibilidad de controlar la riqueza real con que la empresa puede responder hace circular ese papel, que las más de las veces se apoya en riqueza futurible y no actual, hasta que el último poseedor descubre que solo tiene papeles sin valor al hacerse patente que tal riqueza no existe.

Una vez iniciado el proceso de sustitución de la economía real por la especulación financiera, la masa de capital excedente se emplea para la liquidación de las empresas menos competitivas mediante un proceso de fusiones y adquisiciones que concentran cada vez más capital ficticio. El capital excedente sirve también para comprar bienes y servicios públicos o estatales, convertidos en mercancías para la ganancia privada, tanto en los países centrales como en los periféricos.

Es ejemplar el caso de los países del Este europeo, en los que la venta de bienes públicos, lejos de producir su despegue económico, los sumió en una dependencia prácticamente colonial de los de Occidente, al no invertirse esas finanzas en los sectores productivos.

En resumen, la especulación es sobre todo una venta de creencias, de imágenes, de esperanzas de futuro. No puedo por menos que recordar la gran estafa que fue el grupo SOFICO:

Al principio, la venta de los apartamentos se realizaba después de que estuvieran construidos totalmente, pero posteriormente la transacción se hacía sobre planos y se cobraban cantidades a cuenta, y en ocasiones hasta la totalidad del precio, para que los futuros propietarios financiaran la construcción.

Como aun así los fondos propios resultaron insuficientes para las necesidades de expansión de las empresas del grupo, Sofico comenzó a captar recursos suscribiendo contratos de compraventa sobre supuestos apartamentos, terminados o en construcción, cuando la verdad es que en muchos casos no habían comenzado las obras o no se había adquirido ni el solar, por lo que en la mayoría de los casos los apartamentos resultaron ser ficticios.
Esta operación fraudulenta contó con una política de imagen, con la participación en el consejo de administración del grupo de altas personalidades del franquismo, lo que daba una sensación falsa de solvencia garantizada. Muchos años después, José Antonio Martín Pallín, fiscal que investigó la quiebra, afirmaría refiriéndose a la mayoría de esas personas:
Eran hombres de paja que daban imagen de solvencia. Como aforados que eran, elevamos un suplicatorio manifestando que existían en sus conductas indicios racionales de criminalidad. Pero no hubo respuesta a esa petición. Cuando se celebró el juicio, muchos años después, sólo se actuó contra el creador de Sofico, Eugenio Peydró, y su hijo. Y todo acabó en nada.
Solo resta recordar la enorme publicidad de este grupo, cuyo lema más repetido rezaba:
"La realidad de Sofico me ha convencido"
Igual que la realidad de la prosperidad capitalista convenció a los habitantes de la Europa oriental, muchos de los cuales, poco despues, emigraban a la occidental como mano de obra barata.



AGOTAMIENTO DE LAS POSIBILIDADES DEL REFORMISMO EN EL CAPITALISMO TARDÍO

Andrés Piqueras
(...)

El control de las finanzas internacionales por parte de las sociedades centrales permite utilizar el dinero de los demás para paliar en parte la propia incapacidad de acumulación, y posibilita seguir comprando el mundo sin inversión previa (lo cual no ayuda, sin embargo, a su capacidad de mejorar la rentabilidad del capital como “productor” de más capital).

Efectivamente, la financiarización es una forma de recaudar dinero aprovechándose de la plusvalía que han generado los demás, o lo que es lo mismo, de convertir a la representación del valor de las cosas [el dinero] en valor en sí mismo, en virtud de un complejo entramado de creencias sobre creencias (como por ejemplo, en que alguien respaldará el dinero-papel o dinero-moneda con algún equivalente de valor material). Veamos, para obtener dinero las empresas emiten pasivos o acciones (dinero financiero) en la participación de la riqueza que se supone que han generado previamente. La emisión sin control de aquéllos hace que en realidad no correspondan a la riqueza real con la que una empresa puede responder (haciendo del dinero financiero un capital ficticio), por lo que si todo el mundo exigiese la recuperación de acciones y pasivos las empresas quebrarían. Cuando se pierde la confianza o la creencia en alguna entidad financiera o bancaria, sobreviene el ‘pánico’ de los inversores o ahorristas: todo el mundo quiere retirar su dinero al tiempo, y el negocio montado sobre una irrealidad se hunde. También, paradójicamente, incluso cuando una entidad financiera ha tenido mucho ‘éxito’ y ha dado réditos importantes puede ‘activar’ involuntariamente la señal de que es bueno recoger ahora las ganancias, con lo que estimula que se retiren los inversores mejor informados, que suelen ser los que más masa dineraria tienen depositada, provocando efecto de arrastre en los medianos y después en los pequeños inversores, que como siempre son los que más posibilidades tienen de perderlo todo, pues cuando quieren reaccionar tiende a ser demasiado tarde y ya se ha producido la suspensión de pagos de la entidad. Este complejo entramado de creencias irreales y de intereses privados de afán de lucro rápido cuenta con una creciente complicidad popular, posible gracias a la construcción histórica del individuo posesivo, en el que el ansia de ganancia rápida, la posesión de objetos y la satisfacción a través del consumo incesante e instantáneo de mercancías llega al paroxismo. De todas formas, y por si esto fallara, Gobiernos y cúpulas sindicales vienen pactando la entrada en Bolsa obligada de pensiones y otros activos de la fuerza de trabajo, con lo que la “plusvalía financiera” se nutre también crecientemente de la parte no consumida de los salarios.

De igual forma, cuando las grandes empresas emiten aquellos pasivos pretenden que éstos no sean exigibles (es decir, que todo el mundo confíe en su solvencia), y por tanto los utilizan a menudo para comprar otras empresas menores o activos de las mismas que se supone que se van a revalorizar (buena parte de la actual absorción o adquisición” de la riqueza de unas empresas por otras se realiza en realidad sin que se efectúen pagos en metálico). Es por eso que cada vez más la ganancia de las grandes corporaciones empresariales se obtiene no tanto a través de la producción de valor o, valga decir, de riqueza, sino de la adquisición de la que ya estaba generada (ampliando crecientemente la concentración cada vez en menos manos de la misma)  7 . O sea que las actividades ligadas a la producción pierden peso a favor de las especulativas, generando, como dice Naredo (2006), dos tipos de empresas (y se podría añadir también de formaciones sociales) capitalistas:

1/ las que tienen capacidad de crear dinero financiero [quitando con ello a los Bancos la exclusividad en la intermediación financiera, razón por la que éstos han de depender crecientemente del crédito para su ganancia];

2/ las que tienen que conseguir su ganancia-dinero mediante la producción y venta de bienes y servicios.

Gracias al actual papel del Estado, a escala interna, y al de las instituciones de gobierno mundial (OMC, FMI, Banco Mundial, G-20, OTAN…), al nivel global, la enorme y creciente masa de capital excedente se emplea también en la compra de bienes y servicios que antes eran públicos o estatales y que pasan a convertirse en mercancías para la ganancia privada, tanto en los países centrales como periféricos: recursos energéticos y naturales básicos (agua, gas, combustibles fósiles, redes eléctricas, bosques, tierras, etc.), redes telefónicas, de correos, de transporte, sistemas educativos, de salud, etc., etc. Tal dinámica constituye uno de los puntales del presente proceso, planetario y brutal, de desposesión de seres humanos y sociedades, que sólo tiene parangón en la acumulación primitiva de capital” (en los orígenes del capitalismo)  8 . Aquélla es complementada con la provocación de crisis financieras parciales en determinados sectores (por ejemplo, aeronáutica, industria pesada, etc. …) o en unos u otros territorios (sureste asiático, Rusia, México, Argentina…), provocando la devaluación o sobredevaluación de numerosos activos locales, que luego son comprados a precio de saldo por el capital excedente central.

De los límites: de la deslegitimación al irreformismo 

Todas estas vías de fuga de sus tendencias cíclicas a la crisis, son objetivamente racionales dentro de la lógica capitalista. Es decir, que no son un capricho, ni radican en lamaldaddel género humano, y por tanto no se trata tampoco de apelar a ideales regulativos de tipo neokantiano ni al diálogoentre agentes sociales, o a la “cordura” para volver a un capitalismoorganizado (el que a menudo se añora vinculado al keynesianismo), como desde tantos ámbitos filosófico-ideológicos se pretende. De la misma manera que, en contra de lo tan a menudo vertido en los medios masivos de socialización y de ideologización, tampoco las crisis sistémicas son por causa de una mayor distribución de la riqueza -o dicho de otra forma, por la menor obtención de plusvalía a costa de los salarios (los cuales, no lo olvidemos, son siempre un factor dependiente)-, sino debido a la contradicción inherente a la imposibilidad de mantener la tasa de ganancia en la producción (Cuadro A)

Las medidas emprendidas evidencian, en cambio, una extensión de las contradicciones de la dinámica capitalista también al ámbito de la legitimación (o de la incorporación subordinada de las grandes mayorías a su proyecto). Así, por ejemplo, según la presente crisis se hace más grave y profunda el Capital se ve forzado a la paradoja de desmantelar los grandes dispositivos anticrisis que se habían ido construyendo en los últimos 50 años (el Estado Social, la negociación colectiva, Estatuto de los Trabajadores, derechos sociolaborales, etc. …). A esa ofensiva actual del Capital contra el Trabajo se la conoce como neoliberalismo, y se desenvuelve vinculada a la transnacionalización monopólica capitalista (conocida como globalización), que no es sino su máxima expresión histórica de disciplinamiento de la fuerza de trabajo (reduciendo al mínimo sus conquistas y resistencias), de difusión universal de la sobre-explotación del trabajo (que se exporta de las formaciones sociales periféricas a las centrales) y de desposesión de seres humanos y sociedades a escala planetaria. Todo eso requiere el creciente recurso a la fuerza. 

Aquí es donde se evidencian los límites de las opciones reformistas en general y de la socialdemocracia en particular.

La principal contradicción intrínseca a esta última es que para tener alguna relevancia social necesita que las cosas le vayan bien al capital, es decir, que éste emprenda o afirme una onda de acumulación, de manera que sea más fácil conseguir cierta mejor distribución social de la riqueza. Por eso cuando la tasa de ganancia se ve en peligro, casi siempre la socialdemocracia clásica y siempre la neosocialdemocracia intervienen con todos sus medios en favor del capital, haciendo cuanto está a su alcance para disciplinar al Trabajo, posibilitando los consiguientes “ajustes”. Del mismo modo, se mantienen atentas para desbaratar los intentos de la fuerza de trabajo por superar (“desestabilizar”) las reglas de dominación socioeconómica. 

Desde la década de los años 70 del siglo XIX, es decir al poco de nacer como proyección política del Trabajo, la socialdemocracia comienza a vincular su evolución al entramado institucional de la sociedad capitalista, mediante su propia institucionalización (la socialdemocracia inglesa primero y la alemana después, son paradigmáticas de ello). Esto en principio fue pretendidamente estratégico, teniendo como meta la superación del capitalismo a través del anticipamiento en su propio seno del sistema que le superaría: el socialismo. Pronto, sin embargo, la Segunda Internacional daría una variada gama de pruebas de que su propio devenir quedaba ligado de forma subordinada al del mismo sistema que decía querer transcender.

Efectivamente, en cada ocasión que éste mostraba señales de tambalearse, el cuerpo mayoritario de la socialdemocracia acudió en su ayuda, frenando o simplemente reprimiendo (a veces con la eliminación física –como en los casos de Luxemburg y Liebknecht-) los intentos de sobrepasarlo. Sin entrar en detalles sobre la colaboración en la I Guerra Mundial, podemos hacer mención a su claudicación en los momentos críticos por los que atravesó la República de Weimar en Alemania (su desastrosa política de connivencia con el lado más salvaje del capital terminó con su entrega al nazismo, dejando en la más absoluta desorientación y desprotección a grandes masas de población trabajadora), y su correlato en Austria. También hay que recordar su estrecha relación política y estratégica con el Capital en contra de la URSS –y otras experiencias de transformación-, y su alianza contra los partidos comunistas en buena parte de la geografía europea (que tiene una de sus más notorias expresiones en España, mediante su complicidad con la dictadura de Primo de Rivera, en los años 20).

Tras la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia clásica de las formaciones centrales se confinó a sí misma dentro de los límites del keynesianismo a partir del Congreso de Bad Godesberg del SPD alemán, en 1959 (en adelante ya no contemplaría al sistema capitalista como un orden a superar). Tiene una de las máximas expresiones de su derrotero burgués en la política del que fue una de sus figuras más emblemáticas, Willy Brandt, quien al finalizar la década de los años 60 declaró que debía buscarse la desintegración progresiva de la Europa de economía no capitalista”. Más tarde, en 1975, el Ministro para Asuntos Ambientales de Inglaterra, Anthony Crosland, intentó de alguna forma dar una limpieza de imagen a una socialdemocracia europea cada vez más comprometida con el proceso de acumulación capitalista y con su geoestrategia imperialista, mediante los que se conocerían como principios de Crosland (democracia con justicia, anteposición de la dignidad humana a la rentabilidad económica, equidad entendida como redistribución). Todo ello quedaría, lógicamente, en nada. A partir de la década de los 90’, con la transnacionalización del capital, la socialdemocracia se hunde un escalón más al plegarse al nuevo orden de cosas impuesto bajo el pseudónimo de neoliberalismo”, convirtiéndose (neosocialdemocracia) en el pretendido apéndice humanosuyo en forma de Tercera Vía (no tan preocupada ya por la redistribución, sino por la paliación y prevención de ciertas marginalidades, sobre todo las potencialmente disruptivas, y el mantenimiento de ciertos poderes adquisitivos entre las capas medias de la población). 

Para no ser menos, los Partidos Comunistas que no habían claudicado mucho antes perdidos en la ciega pleitesía estalinista, se desplazaron hacia la derecha intentando ocupar el espacio que dejó vacío la socialdemocracia, renunciando a preparar la transformación socialista en aras de la real politik”, traducida ahora por intentar preservar ciertas conquistas sociales (el autodenominado “eurocomunismo fue el gran impulsor de todo ello –pero esto también puede ser aplicado a muchas otras organizaciones políticas antes “radicales”-). Sus “frutos” han sido la pérdida constante de apoyo popular y de militancia, acompañadas a menudo de su hundimiento electoral (y es que el oportunismo de medias tintas suele dar como resultado estas consecuencias).

En unos y otros casos, los sujetos provenientes del capital monopolista de Estado en su modalidad keynesiana para las formaciones centrales (los cuales ejercieron un notable dirigismo sobre las restantes), tienden a continuar categorizando e interpretando las nuevas condiciones con los recursos teóricos y táctico-estratégicos propios de esa fase en la que el capital era susceptible de reformismo. Pero el capital monopolista transnacional (que aquí consideramos como capitalismo tardío), ha hecho depender cada vez más la acumulación de la superexplotación y de la desposesión/marginación, ha reducido considerablemente la calidad ‘democrática’ de las sociedades, procurando instituciones de gobierno político, dirección económica y administración social preocupadas básicamente por garantizar el libre movimiento del capital y su reproducción ampliada a través de la apropiación privada de todos los órdenes de la vida y el mantenimiento de la ‘gobernabilidad’ (esto es, del disciplinamiento del Trabajo). Este nuevo orden de dominación ha vaciado al Estado como medio de constitución de ciudadanía y como espacio de resolución de contradicciones interburguesas, perdiendo además su exclusividad como agente regulador de la dinámica del capital.

El movimiento del capital como sistema entra así cada vez más en una dinámica de menor posibilidad de negociación.
(continuará)

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Bibliografía citada

Berterretche, J.L. (2009). “De la gran quema de capital ficticio a la depresión”, en http://correosemanal.blogspot.com/2009/02/de-la-gran-quema-de-capital-ficticio-la.html.

Bidet, J. y Duménil, G. (2007). Altermarxismo. Otro marxismo para otro mundo. El Viejo Topo. Barcelona.

Carcanholo, R, y Sabadini, M. (2009). “Capital ficticio y ganancias ficticias. Dos visiones críticas sobre el futuro del capitalismo”, en Observatorio Internacional de la Crisis, La gran depresión del siglo XX. Causas, carácter, perspectivas. DEI. San José.

Chesnais, F. (dir.) (2004). La finance mondialisée: racines sociales et politiques, configuration, conséquences. Editions La Découverte. Paris.

Chesnais, F. (2008). “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera”, en Herramienta, nº 37. Buenos Aires.

Fernández Durán, R. (2003). Capitalismo [financiero] global y guerra permanente. Virus. Barcelona.

Martins, C.E. (2009). “A teoria da coyuntura e a crise contemporânea”, en Polis, nº 24. Universidad Bolivariana de Chile. Santiago.

Naredo, J.M. (2006). Raíces económicas el deterioro ecológico y social. Siglo XXI. Madrid.
Piqueras, Andrés (2002). Movimientos sociales y capitalismo. Historia de una mutua influencia. Germania. Alzira.

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NOTAS

 7  Así por ejemplo, como consecuencia de su ubicación en la zona euro, la atracción de capitales ejercida por los Bancos y por la venta o canje de títulos en los mercados financieros ha sido la principal fuente de enriquecimiento de la economía española, capaz de compensar sus enormes déficits comercial y por cuenta corriente.

La creación de ‘dinero financiero’ por las empresas españolas –en forma de acciones emitidas- llegó a suponer el 6% del PIB en 2000, superando ampliamente la creación de ‘dinero papel’ y ‘dinero bancario’. Se trata de pasivos no exigibles, en cuanto que en la práctica no van a necesitar ser devueltos. Y esto es así porque los países “desarrollados” pueden emitir pasivos que son comprados de buen grado por el resto del mundo como depósito de valor o como inversión segura, y que a la postre no se van a exigir (ni implican hacerse con el control de las entidades que los emiten). Mientras que como los países “periféricos” no pueden hacer lo mismo, deben recurrir a préstamos o a pasivos sí exigibles, o bien recibir inversiones que tienen como contrapartida la propiedad o control de sus propias empresas, recursos o actividades.

Es con el ahorro del resto del mundo, pues, con el que la economía española (como buena parte de las sociedades centrales) ha podido erigirse en compradora de la riqueza de los demás (de aquellos mismos que la dan dinero para que se apropie de su riqueza). Esto es fruto de su “modelo de desarrollo” parasitario, que por otra parte la hace una economía crecientemente vulnerable a los avatares financieros y bursátiles, y con escasa soberanía productiva, sea industrial o alimentaria.

Todo ese capital excedente que no se convierte en capital productivo, se invierte en Bolsa o en las cada vez más diversas modalidades de interés bancario.

Sirve también para la inversión en la industria del ocio-espectáculo (ferias, parques temáticos, grandes edificios emblema que exhiben la ‘riqueza’ del capital excedente, acogimiento de muestras y exposiciones internacionales, etc.), con el sobredimensionamiento de actividades como el fútbol [que ha hecho de España el principal inversor-especulador en ‘fuerza de trabajo futbolística’ y todos los negocios que le son anejos (su ‘importancia’  económico-política viene testimoniada por ser la noticia que más tiempo ocupa en los telediarios, frente a cualquier otra)], etc.

Los límites de este modelo, sin embargo, han empezado por fin a hacerse patentes.

 8  Este gigantesco mecanismo de apropiación de riqueza social que ya había sido generada, ha tenido una de sus máximas expresiones en la compra a saldo de la riqueza material y social que tenían los países del Segundo Mundo (el Este europeo). Como es consustancial a este capital de rapiña, se ha mostrado incapaz o desinteresado de regenerar la maquinaria productiva de esos países, que (con la lógica excepción de Alemania oriental) sufrieron con su cambio de sistema un proceso de “tercermundización” o de drásticas caídas en los parámetros productivos, sociales y de vida. Por su parte, el capital productivo se muestra claramente incapaz (afluye insuficientemente) para integrar a esos países al capitalismo europeo desarrollado, por lo que en vez de una “integración” europea lo que se está dando en realidad es un proceso de colonización parasitaria de tales países del Este por los del Oeste (aunque las clases dirigentes del Este aspiran a aprovechar la integración en el euro para hacerse también atractoras de los capitales del mundo).

Por su parte, el capital excedente de las principales economías productivas del mundo, como la China, también viene adquiriendo riqueza de las sociedades periféricas y compra cada vez más de las centrales.

martes, 20 de junio de 2017

Jorge Riechmann y un sabio sabiendo

Entre una desesperanza lúcida que todavía no llega a desesperación y la esperanza voluntariosa de quien quiere "hacer algo" para evitar lo peor se mueve el discurso de Jorge Riechmann.

La versión más escéptica la encontramos aquí, mostrando la futilidad del propósito de la enmienda en unos seres dados permanentemente al olvido de lo pasado:

1918, termina la primera guerra industrial con más de diez millones de muertos. Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.
1945, proyecto Manhattan, bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.

1972, debate mundial sobre Los límites del crecimiento (el “informe Meadows”). Mucha gente se dice: esto lo cambia todo.


2014, Naomi Klein –estremecida por la dinámica del calentamiento global- nos grita: esto lo cambia todo.
Todo hubiera tenido que cambiar, sí. Hace muchos decenios…

En este otro lugar aunque mantiene la duda sobre la capacidad humana de aprendizaje cuando no apetece aprender, apunta una medida radical de emergencia, que cada vez más gente está percibiendo, si bien (si mal) entre nosotros los humanos sea más sencillo refugiarse en un (¿cómodo? ¿de veras?) "no me amargue usted el día".


No hay otra salida a la crisis ecológico-social que una contracción económica de emergencia
Las compañeras de Opcions me invitan a una colaboración regular con la revista. He dudado bastante antes de aceptar. ¿Por qué? Creo que las reflexiones que puedo aportar contrarían bastante las expectativas que la mayoría de la sociedad alberga sobre el terrible nudo con que hemos atado las cuestiones de producción, consumo, ecología y sustentabilidad. Son verdades (aproximaciones a la verdad) que la sociedad esencialmente no quiere oír. “Usted no se lo cree”, tituló Ferran Puig Vilar su benemérito blog sobre cambio climático. “Usted quizá no quiera leer esta columna”, podría yo acaso titular esta sección.
En una de tantas páginas de publicidad corporativa con que las grandes empresas intentan su greenwashing (lavado de cara verde) lee uno toda esta sarta de imperativos: “Reutiliza y recicla. Cuida el agua. Conecta personas. Apuesta por la innovación. Consume responsablemente. Respeta la biodiversidad. Promueve la eficiencia. Impulsa la investigación. Mueve talento. Usa energía limpia. Fomenta la economía circular. Trabaja en red. Emprende sostenible”, etc. No se trata solo de que el funcionamiento ordinario del capitalismo, sobre todo en la variante de capitalismo clientelista neocaciquil que prevalece en nuestro país, discurra en sentido contrario a toda esta ristra de buenos consejos (y por consiguiente los esfuerzos individuales de muchas personas bienintencionadas choquen contra barreras sistémicas más pronto que tarde). Ocurre además que el paradigma de “desarrollo sostenible” y “capitalismo verde” en el que se sitúan esos imperativos se ha quedado ya muy, muy viejo –en apenas un cuarto de siglo de recorrido.

La extralimitación (overshoot dicen los anglosajones) de nuestras sociedades con respecto a los límites biosféricos ha alcanzado tal magnitud, el sobreconsumo de recursos es tan inmenso, la degradación de la biosfera tan rápida, la velocidad del calentamiento global va aumentando tanto, que hoy no hay otra salida a la crisis ecológico-social que una contracción económica de emergencia. Asunto sobre el cual nuestra sociedad –y usted, probablemente, que me está leyendo– no quiere ni oír hablar.

De esto intentaré hablar en los meses que siguen.

Un amigo y compañero de aventuras, el científico de sistemas Carlos de Castro, concluye la mayoría de sus escritos con esta frase profunda: todo se realimenta. A mí me gustaría conservar ese final, añadiendo: cultivemos la compasión hacia todas las criaturas.
Incluyamos a las criaturas humanas, añado yo, principales culpables (unos muchísimo más que otros), siguiendo la máxima de Concepción Arenal "odia el delito y compadece al delincuente".

Podría pensarse que el buen radicalismo de Riechmann es un maximalismo, pero la urgente llamada de atención tiene que atender también a la real evolución política, y en ese sentido no se puede abandonar el camino porque la meta aún no esté a la vista. Por eso, con ánimo más optimista, recoge un artículo del que entresaco un párrafo:

La verdad que se nos oculta:
Yorgos Mitralias
(...)
Corbyn les es insoportable no porque sea un “bolchevique”, sino simplemente porque no acepta las pretendidas “evidencias” del neoliberalismo. Porque él es la negación viviente -y ganadora (¡!)- del tristemente famoso TINA (There Is No Alternative), su “teoría” de que las políticas de austeridad neoliberales eran inevitables y no había otra alternativa para la humanidad. Y, por supuesto, porque rebate esa idea fija de todos los demás, incluyendo a tres cuartas partes de los diputados de su propio Partido, de que los ciudadanos actuales sienten horror de su Manifiesto “obsoleto”, y que se burlan de sus reclamaciones y utopías “obsoletas” y “poco realistas” en contra de la guerra y del armamento, y en favor de la solidaridad y del internacionalismo de “los de abajo”, por los derechos de los pobres, las minorías y los inmigrantes. El resultado de las elecciones, y la enorme respuesta de los trabajadores y, especialmente, de los jóvenes a la llamada de Corbyn, ha sido como una gran bofetada a esos agoreros y ha demostrado que todo lo que decían no era más que pura propaganda. O, más bien, un intento de lavado de cerebro de las víctimas del capitalismo neoliberal. Es decir, de todos nosotros.
(...)

Ir arrinconando el neoliberalismo es un gran paso para luchar contra este capitalismo (sea verde o de colores) del que aquel es tan solo la última fase. Aunque habrá qe darse prisa...

Y hablando de inmediatez, ahí va esa joya oratoria, de una lucidez digna del mítico primo de Rajoy:



¡Vaya un zabio zabiendo!

La expresión gráfica en la ingeniería (5-a)

La obtención de un poliedro es como la talla de una gema. Sobre la piedra informe creamos una superficie plana, luego otra. Harán falta cuatro para obtener de ella el sólido más simple, un tetraedro. En la joya eso supondría un gran desperdicio, pérdida de peso y de valor, y las caras iniciales raramente se encontrarán en una arista. El proceso, a través de muchos recortes, acabará por crear un poliedro de muchas caras. La habilidad del tallista, la transparencia y la refracción harán de él un objeto bello y valioso.


Continuando la edición de este libro, luego de acabar su cuarto capítulo, vamos a por el quinto, que puede descargarse en PDF. (En tal documento se podrán apreciar finísimas líneas auxiliares, perdidas en estas imágenes).

Siguiendo el ejemplo de la gema, tallaremos el espacio como si fuera una piedra en bruto.


Del espacio en bruto empezamos tallando un poliedro de cuatro caras, Si limamos un vértice, aumentará en tres el número de aristas, en dos el de vértices y en uno el de caras. En el tetraedro se cumplía la fórmula C+V=A+2, (4+4=6+2). Ahora tendremos (4+1)+(4+2)=(6+3)+2, (5+6=9+2), que sigue cumpliendo la Formula de Euler, siendo el "2" final la llamada característica de Euler-Poincaré.


Si ahora limamos una arista creando una cara nueva, el número de vértices aumentará en dos, el de aristas en tres, y el caras, naturalmente, en una. Comprobamos que (5+1)+(6+2)=(9+3)+2, 6+8=12+2. Y si tontamente rebanamos toda una cara no variará el número de caras y aristas ni el de vértices (solo que el zafiro perderá valor).

Cualquier gema poliédrica puede ser obtenida reiterando este procedimiento, y siempre  se mantendrá ese valor característico 2. Característico, precisamente de los poliedros convexos ("sin agujeros").


Si en lugar de eliminar material lo aumentamos, añadiendo caras nuevas a partir de una dada, podemos obtener poliedros no convexos, también "sin agujeros", que conservan la característica 2


Estas yuxtaposiciones de poliedros conservan la característica de cada uno de los que las forman. Al unirlos desaparece una cara en cada uno, y tantas aristas como vértices. La fórmula permanece intacta: (C-2)+(V-n)=(A-n), o lo que es lo mismo        C+V -n = A-n +2.

En las figuras que siguen hay caras en prolongación. En este caso, al yuxtaponerlas desaparecen una cara y una arista más, pero con eso no cambia la fórmula.


Variaciones sobre el mismo tema:


Ahora el poliedro se busca a sí mismo. La fórmula no cambia.


Pero al cerrarse sobre sí mismo y dejar un agujero cambia la característica euleriana, como puede comprobarse. En este caso pasa a ser 1, en otros 0. Y dejamos de lado el caso de más de un agujero.


Centrémonos en los poliedros sin agujeros, convexos o no. Si se prolongan las caras no contiguas de uno convexo, "añadiendo material", se obtiene los estrellados.


¿Podemos cambiar caras por vértices, conservando las aristas?  Si en cada cara elegimos un punto como vértice de otro poliedro, las caras contiguas que se cortan en una arista darán paso en el nuevo a vértices contiguos unidos por una arista. Los vértices en que concurren varias caras y otras tantas aristas del primero se corresponderán en el nuevo con otras tantas caras limitadas por un número igual de vértices y aristas. De este modo, el número de caras y vértices se invierte, permaneciendo igual el de aristas. Esta propiedad se llama dualidad entre ambos poliedros. No depende de los puntos elegidos para cada cara, que ni siquiera necesitan situarse sobre ella. Solo del número y de la correspondencia mutua.


Estas propiedades topológicas (de relación entre elementos) para nada dependen de la medida. Figuras aparentemente muy distintas tienen la misma topología.

En cualquier poliedro podemos "estirar" una cara hasta que todos los demás elementos del mismo puedan proyectarse dentro de ella, y luego sustituirla por el resto de su propio plano. Esto, en los poliedros sin agujero, equivale a abrirle uno a esa cara y abrirla, estirando, estirando, dándole la vuelta, hasta el infinito.


Las propiedades topológicas  no dependen de la dimensión ni de la forma, y por eso las figuras pueden distorsionarse a nuestra conveniencia. Cojamos un poliedro, convexo o estrellado, "inflémoslo" hasta que coincida con una esfera. Elijamos una cara, practiquemos un agujero en ella y abramos por él la esfera, agrandando el agujero hasta que ese punto convertido en circunferencia llegue al infinito. Todos los demás puntos de la superficie así distorsionada conservarán la continuidad, por estirados que queden entre sí.

Entonces habremos convertido la superficie poliédrica en un plano, y las aristas y vértices formarán un grafo plano.

Ahora podemos estudiar cómodamente la dualidad entre poliedros, transformada en una dualidad entre grafos.

Emplearé un símil topográfico.

Imaginad un conjunto de países ("caras") con fronteras entre sí ("aristas"). Varias fronteras pueden coincidir en un punto ("vértice"). Las capitales de los países que comparten frontera están unidas por autopistas.

Las autopistas están protegidas de la invasión de la fauna, como es habitual. Un animal no puede atravesarlas. En cambio puede cruzar las fronteras, que podemos suponer constutuidas por una tierra de nadie de setos y maleza. los humanos, en cambio, podrán cruzar únicamente por los puntos de control fronterizo de las vías.

Habrá entonces "países humanos" con fronteras que serán vías para los animales, y "paises animales", en que las vías serán los setos fronterizos que los unen y las fronteras las autopistas que los separan. Establecerán los animales su centro en los frondosos vértices.

Lo que para unos son fronteras, para otros son vías. Estas aristas (vías y fronteras) existen en igual número para esta estructura dual, mientras a cada vértice de un red le corresponde una cara de la otra, y viceversa.


Ahora aprovecharemos lo que aprendido en la parte final de esta entrega (4.25 y 4.26) para conocer la verdadera forma y magnitud de una cara cualquiera de un poliedro. En la vista 2 hay un plano de canto, que está de frente en 1, y que corta a la cara que queremos medir en una recta, también de frente en 1. Esa recta de frente queda de punta en 3, y con eso queda de canto el plano que la contiene. Finalmente, la cara que hemos puesto de canto en 3 queda de frente en 4, y con ello en verdadera magnitud.


También con este método podemos obtener secciones planas de un poliedro. Bastará poner de canto el plano que la produce para luego ponerlo de frente. El plano está dado por tres puntos, y bastará poner de frente, como ya sabemos, el triángulo que forman.

Para eso lo cortamos por otro plano, de frente en 2 y de canto en 1. La recta de intersección está de frente en 1 y de punta en 3, en donde está de canto el plano cortante, que finalmente quedará de frente en 4.


Con estas armas, estamos en condiciones de continuar el estudio de los poliedros.

(continuará el capítulo V)

lunes, 19 de junio de 2017

La industria del medicamento ¿negocio saludable?

Dentro de la Semana Galega de Filosofía, pronunció esta conferencia el doctor Germán Velásquez, que fue director hasta mayo de 2010 del departamento de la Organización Mundial  de la Salud sobre "Salud pública, innovación y propiedad intelectual", representando a este organismo de la ONU en el "acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad relacionados con el comercio" de la OMC, desde 2001 hasta 2010.

Se trata, por lo tanto, de una persona perfectamente informada del tema de que habló, y asombran algunos de los datos que ilustraron su discurso.

¿Podréis creer que el precio de un tratamiento puede ser mil veces mayor que su costo de producción? En este enlace hallaréis la presentación que acompañó el discurso, con muchos datos casi increíbles, de no proceder de persona tan conocedora.

Tras la presentación, en gallego, sigue desde el minuto 5 la conferencia.